EL GENERAL EQUIDISTANTE

Tuvo el General Bonarde, que pasó a la historia de su país como “el general equidistante”, a su abuelo como gran maestro. En su despacho, tenía el caballero enmarcada una frase, que textualmente decía lo siguiente:”Observar y esperar, escuchar y aprender, ocultar tu punto de vista”. Al nieto se le quedó grabada, al punto de convertir la misma en su máxima de actuación desde el primer día que la leyó.

Entró el cadete Bonarde a la escuela militar a la edad de dieciséis años. Allí trabaría amistad con sus compañeros de carrera, que le llevaría hasta el empleo de Teniente General, con el que se despidió del ejército.

Desde los primeros días de estancia en la escuela, advirtió Bonarde que en la misma convivían tres grupos perfectamente diferenciados: de un lado, estaban los cadetes cuyos padres eran jefes y oficiales. De otro, los hijos de suboficiales y clase de tropa, y un tercero, compuesto por aquellos que, como él, no tenían antecedentes en la milicia.

Las diferencias quedaban establecidas no solo por los propios alumnos, sino también por los profesores. Los esfuerzos a realizar por unos y otros para lograr los mismos objetivos diferían de manera harto elocuente. Bonarde observaba, esperaba, escuchaba, aprendía y ocultaba su punto de vista.

Ante todos, el cadete Bonarde era un joven trabajador, servicial, obediente, siempre de buen humor y dispuesto a ayudar a todo el mundo que lo necesitara. Sobresalía el chico en la comprensión de las matemáticas, lo que sin duda le fue muy útil para hacerse necesario con el resto de estudiantes, así como en el conocimiento de la geografía y la historia de la patria, lo que le granjeó las simpatías de diversos profesores.

El abuelo de Bonarde, prominente hombre en su región, se dejaba caer dos o tres veces por curso por la escuela. Charlaba con los profesores, con el director, saludaba a cadetes hijos de jefes y oficiales (salúdeme a su papá, un gran hombre con el que tuve ocasión de compartir muchas agradables veladas en el club social cuando estuvo destinado en la región norteña), contribuyendo así a que su nieto fuese aceptado en los diferentes grupos que convivían en aquel micromundo.

Llegado el momento de la graduación, ocupó Bonarde un puesto intermedio, que no llamaba la atención ni a unos ni a otros. El director de la escuela, al final del acto de entrega de despachos y diplomas, se acercó al abuelo:

Enhorabuena, Sr. Bonarde. Su nieto ya es Teniente. Un orgullo para la institución que un apellido tan destacado en el país tenga un miembro entre sus filas. El Sr. Ministro de la Guerra me encarga que le transmita sus felicitaciones.

El puesto obtenido le fue suficiente al Teniente Bonarde para poder elegir un destino relativamente cómodo, alejado de aquellos situados en los lugares más inhóspitos del territorio, los húmedos bosques del norte y el árido sureste. Pronto entendió Bonarde el funcionamiento de las cosas, manteniendo su máxima de “observar y esperar, escuchar y aprender, ocultar su punto de vista”.

Pretendían sus jefes tirar de su lengua.

¿Y usted Bonarde, por quién se inclina más, por los liberales o los conservadores?

-Yo por la patria, respondía el Teniente, sin jamás dar una pista de sus creeencias e intenciones.

Con rapidez se dio cuenta de que unos y otros le iban confiando comentarios, situaciones, circunstancias…Cuento con su discreción Bonarde…algo que siempre siguió a rajatabla, por lo que un tiempo después era el depositario de todos los puntos de vista enfrentados entre los diferentes grupos.

Con gran habilidad, se movía Bonarde entre todos ellos. Tenía don de gentes, hablaba con todos, escuchaba a todos, participaba de todos los conciliábulos, ya fueran estos de la clase de tropa, de los suboficiales o de los oficiales. Como además tenía la virtud de saber compartir los beneficios, así fueran estos materiales o de otro tipo, su aceptación era generalizada.

Fue cambiando de destino, recorriendo guarniciones y regiones militares, contrajo matrimonio con la Srta. Bienvenida Torres, hija del General Torres y nieta del General Torres (q.e.p.d.), lo que le acercó aún más a las altas esferas castrense y, por añadidura, políticas.

Cuando en los salones de la capital le preguntaban por sus ideas acerca de las diferentes noticias de la actualidad del país, él siempre respondía que se inclinaba por la patria. Fue entonces cuando comenzaron a llamarle “el equidistante”. Esta situación levantaba ciertas reticencias en los conmilitones más partidistas, pero luego, en el momento de la verdad, en el de los nombramientos o las confidencias, se inclinaban por él antes que por otros que se manifestaban de forma más clara, así fuera por sus ideas contrarias, o para dar a entender cierta neutralidad.

Día a día, ascenso a ascenso, fue Bonarde aumentando su influencia y autoridad. Nunca se postuló públicamente para ningún puesto, si bien los conseguía por su neutralidad, mejor “el equidistante” decían, que un enemigo. Así fue capaz de llegar al supremo mando del ejército nacional, Jefe de la Junta de Jefes, cargo que fue capaz de mantener nada menos que doce años, dos presidencias completas, una conservadora y la otra liberal.

Llegado el momento del retiro, unos y otros le mostraron reconocimiento por su labor. Algo inédito en la historia del país, alguien que había sido capaz de contentar a tirios y troyanos, a conservadores y liberales, a progresistas y tradicionalistas, a absolutamente todos. Se retiró entonces a su región norteña, desde la que siguió influyendo y mandando en cuestiones castrenses y civiles. Su villa era un peregrinar continuo de unos y otros. Le contaban sus problemas, sus aspiraciones…el General de cuatro estrellas Bonarde a todos escuchaba, a todos aconsejaba, y todos seguían sus consejos y sus directrices como si fueran órdenes.

Más de noventa años vivió el General, todos ellos acompañado de lucidez mental. El día en que falleció, se preparó un funeral de Estado. Las autoridades todas acudieron al sepelio. Fue enterrado en la cripta familiar, envuelto en la bandera de la patria y bajo los acordes del himno nacional.

El Presidente de la nación, en un arranque de sinceridad, le preguntó al Presidente del Congreso: ¿y quién va a mandar y a poner orden ahora en el país? Un joven periodista, al que habían enviado al acto, preguntó a un diputado, ¿el General Bonarde era conservador o liberal? Muchacho, el General era mucho más, Bonarde era la patria.

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