EL GRAFÓLOGO DEL DEPARTAMENTO DE CRÉDITOS. Capítulo 10. Una fiesta de inauguración con curvas

Para preparar debidamente la fiesta de inauguración, se desplazó a la ciudad doña Luisa Montesinos, Directora de Relaciones Externas del “Old Europe Bank”, que viajaba acompañada de un excelente presupuesto de gastos.
Para empezar, se reunió con don Benito Hampuero, y contrató ocho reportajes sobre la institución financiera en “El Ciudadano Cabal”, además de mil anuncios en “Radio Ciudad”, que transmitiría el cóctel de inauguración en directo, desde el “Salón de los Grandes de España”, del “Hotel Imperial”. Jamás había recibido el bueno de Hampuero una solicitud de presupuesto de tal calibre, por lo que tuvo que pedir ausentarse unos instantes, sentarse y recuperar el resuello. Además, otra cosa no, pero olfato para ver de lejos el dinero, tenía un rato.
-Decidido, pido una cantidad descomunal, aumentada en un veinte por ciento.
Así lo hizo, acertando de pleno.
-Prepare los contratos, Sr. Hampuero, le dijo doña Luisa.
Salió disparado el periodista en busca del abogado Rubinos, para que se pusiera a redactar a toda velocidad el contrato del siglo, antes de que algo se torciera y el mejor día de su vida profesional se fuera al traste sin remdio.
-Deme mil pesetas, Hampuero. Que está usted haciendo el negocio de su vida.
-Redacte Rubinos, redacte. Que la avaricia rompe el saco, y no vaya a ser que por demorarnos se vaya todo al garete.
-Está bien, se lo dejo en quinientas por adelantado.
-Correcto, mañana se las doy, que no las traigo encima. ¡Rubinos, o redacta o me voy a ver a Billegas y me olvido de usted para siempre!
-Billegas le va a pedir cuatro mil.
-Sí, pero dos mil retornarán a mi persona de la mano de unos anuncios en el periódico.

Cedió Rubinos, que redactó los contratos. Volvió a velocidad supersónica Hampuero al hotel. Doña Luisa leyó lo redactado con calma. Hampuero se impacientaba. Su corazón latía desbocado, sus manos sudaban, la camisa se le había quedado estrecha de repente, la próstata no funcionaba, la garganta era un secarral, se tocaba la frente pensando que la fiebre se había hecho presente, le invadió una sensación de mareo, ¡un ictus ahora no, por Dios!, pensaba la lámpara del techo de la cafetería del hotel se inclinaba a derecha e izquierda, o eso le parecía a él.
-¡Como Rubinos haya redactado algo mal, lo mato!
Por fin, levantó doña Luisa la cabeza de los papeles, sacó una estilográfica de su portafolios, y firmó los papeles.
Hampuero se vino arriba. Al salir del hotel, y tras poner a buen recaudo los contratos, se fue tomar una copa al “Lola, Lolita, Lola”.
-Hampuero, el director de “El Ciudadano Cabal”, por mi tugurio. ¿Qué le trae por aquí, don Benito?
-Ya ve, doña Lola, que como ambos trabajamos por la noche, y me ha entrado sed, he venido a tomar un refresco.
-Ya, ya. Me han dicho que ha pegado usted el pelotazo de su vida.
-Joder, aquí no se puede guardar un secreto. Vaya ciudad de cotillas.
-Vamos Hampuero, estírese. Una botella de champán para la chicas por su cuenta.
-¡Qué viva Hampuero!, gritraron desde el fondo del local unas voces que salieron de la oscuridad.

A la mañana siguiente, comenzaron a preparar la lista de invitados al evento. No faltaba nadie. En la misma estaban don Obdulio, el maestro Villalpando, el Alcalde don Evaristo, su secretaria Justina, el abogado Billegas, el sargento Benítez, el Dr. Benavides, la enfermera Márquez, don Miguel el perfumero, el notario Perales, el abogado Rubinos, Hampuero. La redactora Lita Fuentes radiando en directo el acontecimiento por “Radio Ciudad”, el director del “Banco Español del Ahorro Popular”, el juez Cardona, don Osvaldo y doña Justa, el sargento Castañares, el capitán Pellicer, el bombero Cuevas, don Indalecio…cada cual con su pareja.
Se corrió la voz de los que estaban, y de los que no. Resultó que doña Mercedes, que había albergado esperanzas tras sus últimos escarceos políticos con el Sr. Alcalde, no estaba incluida. Sí lo estaba don Francisco “Pituco” Herrerías, que sin embargo, declinó la invitación, a la vez que trasladó a sus acaudalados clientes que no le encontraba interés en acudir a aquella inauguración.
Claro era que si la gente rica del municipio no acudía al evento, el encanto del mismo decaía de manera notable, por lo que doña Luisa se dirigió a “Pituco” en los siguientes términos:
-Sr. Herrerías, sinceramente, no entiendo los motivos de su rechazo a la fiesta de inauguración. No obstante, y metidos en gastos, ponga un precio y unas condiciones, para que tanto usted como sus clientes acudan a la misma, con buen ánimo y ganas de distraerse. Por cierto, que este negociado no es el mio, pero de cara al futuro he oído que el “Old Europe Bank” tiene pensado ofrecerle un suculento contrato de colaboración.
-Que poco me entienden, Sra. Montesinos. Tiende la gente a pensar que lo que más se valora es el dinero. No es mi caso, quizás, y por fortuna, debido a que nunca me ha faltado. ¿Piensa usted que voy a cambiar de idea por unos miles de pesetas? Lo siento. No cuente conmigo.

La negativa llegó a oídos de Hampuero, que todavía no había cobrado más que un diez por ciento del contrato, y viendo peligrar el resto, se dirigió angustiado a “Pituco”:
-Francisco, por nuestra vieja y solidad amistad, tú sabes las enormes dificultades por las que atraviesa tanto el periódico como la emisora de radio. El día menos pensado, y si nadie nos compra, habrá que echar el cierre. ¿Cuántos planes de reestructuración has elaborado a lo largo de los últimos años? Todos se han ido al traste. Las ventas se mantienen, pero la publicidad cada día es menor, y muchos anunciantes dejan de pagar, o pagan tarde, o la mitad de lo acordado. Este contrato, mientras dure, puede ser el salvavidas de la empresa. Te lo ruego, busca una excusa cualquiera, pero acude a la puñetera fiesta.
-El problema, querido Hampuero, es que ese día, en el comedor privado de “El Rincón de Camagüey”, presentamos en sociedad el “Gabinete de Psicología” de Purita, y esperaba tu presencia y la de “Radio Ciudad” en el evento, para su debida difusión en nuestra ciudad. Pero bueno, entiendo que no puedes despreciar un contrato de esas características. Tampoco nos preocupa en exceso, el gabinete de Purita va dirigido a gente selecta, de un cierto nivel económico, o sea, que no vamos a echar de menos a los asistentes al “Hotel Imperial”.

Llegó el día señalado. Como estaba previsto, a un lado unos. Al otro lado, otros. También los hubo que se las apañaron para estar en los dos sitios, y familias que se dividieron, unos al hotel, otro al café.
“Pituco”, con conocimiento del terreno y habilidad , invitó a su evento a doña Mercedes, y al grafólogo, y a todos aquellos que se pudieron haber sentido ofendidos por su exclusión de la fiesta del “Old Europe Bank”. Fue su fiesta una mezcolanza de gentes, de clases, de colores y de olores. Purita estuvo espléndida, hay que ver el cambio que había experimentado esa chica en cuanto se liberó de sus cadenas y sus demonios, y dejó volar todo su potencial.

Los ágapes fueron espléndidos en ambos salones, si bien solo el del “Hotel Imperial” quedó reflejado en papel para la historia. El de “El Rincón de Camagüey” también fue conocido en detalle por toda la población, de lo cual se encargó doña Mercedes, que se convirtió en la mejor propagandista del gabinete psicológico, con el que pasó a colaborar el grafólogo don Ginés Cienfuegos, cuya ciencia, bien respaldada por “Pituco”, Purita y doña Mercedes, se hizo famosa y requerida por personas y entidades de todo tipo en la comarca. Incluso, el “Banco Español del Ahorro Popular”, le catapultó al puesto de Subdirector, ponderando en su justa medida la aportación que hacía al negocio, que no era otra que la inexistencia de deudas malas en el balance.

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