LA ITALIANA DE ANTÓN MARTÍN. Capítulo 3. Dineros y Licencias.

Se dirigió el matrimonio a la sucursal del barrio del “Banco Español del Ahorro Popular”, de la que eran clientes desde que llegaron a Madrid hacía ya tantos años. Al entrar, vieron que Pepe, el cajero, continuaba en su puesto, si bien el Interventor y el Director eran nuevos. Pidieron a la Srta. Luci, también de los antiguos empleados, que los anunciara al Director, con el que deseaban mantener una entrevista.
Unos minutos después, fueron recibidos por don Leandro, un caballero de porte sereno, rondando los sesenta años, atento pero distante, correcto pero frío. Los ofreció sentarse:
-Bueno, pues ustedes dirán.
-Mire usted, ésta es nuestra cartilla de ahorros, somos clientes antiguos del banco. Debido a los recientes acontecimientos, nos vimos en la obligación de retirar nuestros ahorros, y ahora que la normalidad ha vuelto, querríamos saber qué pasos hay que dar para volver a reactivar la cartilla.
-El dinero, ¿es el emitido por el régimen anterior?
-Sí, efectivamente.
-Pues entonces la dificultad es grande. Debo informar a la Dirección General de Seguridad de su caso, y una vez resuelto el expediente, informaré a ustedes de la resolución recibida.
-Por cierto, ¿de qué cantidad estamos hablando?
Don Inocencio, que jamás, ni siquiera de niño muy niño, hizo honor a su nombre, mintió descaradamente.
-Unas cinco o seis mil pesetas.
-Pues no se preocupen. Una vez obtenga respuesta, les mandaré recado.

Unas horas después, hicieron acto de aparición en el domicilio del matrimonio dos policías, de habla chulesca y mal encarados, que requirieron explicación detallada de las vías por las que ese dinero había llegado a su poder. Las dio el matrimonio, viéndose obligado después don Inocencio a acompañarlos a la comisaria para firmar la correspondiente declaración.
Doña Julita, que entonces todavía gozaba de buena salud, presenció la escena, por lo que indicó a doña Paula que la acompañase, y se dirigieron a visitar a su hijo el Coronel, al que narraron lo acontecido. Telefoneó el oficial a la Dirección General de Seguridad, y todo quedó solucionado en un abrir y cerrar de ojos.
A la vez, el Comisario Padilla, compañero de promoción y amigo del Coronel, expidió a don Inocencio certificado acreditativo para poder realizar ingreso de su dinero en el banco. En el documento, aparecía la cantidad de Cincuenta Mil Pesetas. Lo achacó el Comisario Padilla a un error.
-En fin, hemos puesto un cero de más, pero no se preocupe don Inocencio, estoy absolutamente seguro que sabrá usted hacer un correcto uso del certificado. Y salude de mi parte al Coronel Otero y a su señora madre.
Volvió don Inocencio a casa. Allí se encontró con su esposa y doña Julita, a la que agradeció sus gestiones para solucionar la situación.
-No hay por qué darlas, don Inocencio. Me voy con mi catedrático, que tendrá ganas de comer.

Dejaron para el día siguiente la vuelta al Banco. Presentó don Inocencio el certificado, sin saber qué hacer ni qué decir con respecto al importe que figuraba en el mismo.
-No se haga el remolón, don Inocencio, que la policía no es tonta, y sabe lo que hay. Dígame, pero de verdad, ¿cuánto dinero republicano guarda usted?
-Sinceramente, cuarenta y siete mil novecientas pesetas.
-Lo ve usted, menudo es el Comisario Padilla, no falla una.
En sucesivos viajes, todo el dinero fue ingresado en la cartilla. Volvieron a ser unos potentados, pero no se salieron ni por un minuto de su vida modesta y recatada.
Unos días después, se presentaron en su casa los inspectores municipales.
-Tenemos constancia de que esta vivienda ejerció actividad de pensión durante los años pasados.
-Si señor. Recibimos una petición al respecto, y no pudimos negarnos. Ya sabrá usted como funcionaban entonces las cosas.
-Lo sé, lo sé. Gracias a Dios, todo ha cambiado.
-¿Qué intención tiene con respecto a seguir adelante con el negocio?
-Por nuestra parte, si fuera posible, hoy mismo retomaríamos la actividad.
-Tampoco es necesario que se precipite. El lunes de la próxima semana, diríjase al Ayuntamiento, y podrá retirar la licencia. A partir de ese momento, podrán reabrir con todas las bendiciones.

Participaron la noticia a los vecinos, que fueron formalmente invitados a la fiesta de inauguración, que se celebraría el mismo lunes, a las 20,00 horas, tras la bendición del inmueble por parte del cura del barrio.
La noticia de una merendola alegró a todos. Doña Paula pidió a doña Julita consejo y ayuda para organizar el festejo, que debía ser capaz de aunar la categoría debida junto a la discreción necesaria a los tiempos presentes.
La fiesta resultó un éxito sin precedentes en el barrio. Incluso, las señoras se atrevieron a desempolvar sus viejos vestidos de noche, tanto tiempo inactivos, y a portar alguna joya que había podido sobrevivir a los años de dificultades y penurias. Se sirvió sangría, y hubo medias noches con salchichón y chorizo, unos taquitos de queso, y aceitunas, y hasta sardinas en aceite. Al rato, se sirvió chocolate con galletas maría. Exitazo. Solo un punto de discordia: don Benito, el cura, que bendijo antes de comenzar el banquete, reconvino en un aparte a doña Paula ya que no veía a su marido visitar la iglesia con la debida frecuencia; tomó nota la mujer, que excusó a su esposo con un socorrido “ha pasado una época difícil”. -No es excusa, doña Paula, no es excusa, con más motivo debiera acudir, respondió don Benito.
Para terminar, don Inocencio atornilló en la puerta una placa en la que podía leerse: “Pensión doña Paula. Huéspedes. Fijos y transeúntes”. Otra igual colocó en el portal, en la parte izquierda del mismo, por indicación de don Braulio, que mantenía que, por un acto reflejo, la vista se dirige siempre en primer lugar arriba y a la izquierda.
-Por eso los periódicos son como son, apostilló don Braulio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s