LOS CUENTOS DEL ENTERRADOR CAPÍTULO 9. EL MEMORANDUM.

A: Excelentísimo Sr. Concejal de Pompas Fúnebres
De: Director Gerente de Organización de Entierros (Americanos)

Vengo observando, desde tiempos inmemoriales, el desastre que para nuestra ciudad, en cuanto a grave dosis de polución y contaminación atmosférica, a más del importante gasto para los bolsillos de sus ciudadanos,resulta la caótica organización de los transportes desde los tanatorios hasta los diversos cementerios.

Por una parte, sale el coche fúnebre, del que se ha facilitado el número a los deudos. La mala fortuna reside en que el citado número es tan diminuto, que resulta, en la práctica totalidad de las ocasiones, de imposible localización, y mucho menos del seguimiento que el dolor de los familiares posibilita en esos casos.
A más de lo anterior, y dado el interminable carrusel de coches que suele formarse, los semáforos y sus urgencias, así como la más bien escasa educación cívica de los habitantes de nuestra ciudad, viene a desembocar en un riesgo grave de accidentes de tráfico, así como la práctica imposibilidad de cumplir el reglamento de circulación establecido.

Visto lo cual, y después de estudiar las diferentes maneras de actuar en muchas e importantes urbes de todo el planeta, me atrevo a ofrecerle la que entiendo solución más adecuada, que nuestra empresa podría implementar en un tiempo prudencial y sin coste alguno para ese Ayuntamiento:
Se trataría de habilitar, para el transporte del muerto y sus correspondientes deudos, una serie de autopullmans de lujo, dotados de todas las comodidades conocidas para este tipo de transportes colectivos, que recorriera la ruta tanatorio-cementerio, ida y vuelta, y que fuera de obligada contratación en todas las pólizas y servicios de decesos. Se podrían habilitar autobuses de diferente capacidad, desde un pequeño microbús urbano de nueve plazas, hasta un autobús de dos pisos y ochenta y cinco pasajeros.
Quiero dejar constancia en este punto del importante ahorro de parque móvil que le supondría al Ayuntamiento esta medida, ya que podrían darse de baja todos los actuales automóviles, reconvirtiendo a los chóferes de los mismos en conductores de autobús.
Además, debo poner de manifiesto el importante ahorro de tiempo que supondría este tipo de transporte, pues en el mismo autobús, y durante el trayecto, podrían rezarse los responsos, oraciones varias y bendiciones de todo tipo deseadas por la familia, por lo que al llegar al cementerio, mediante un sistema hidráulico incorporado de fábrica en el autobús, se descendería el ataúd hasta la tumba, o se elevaría hasta el nicho, sin necesidad de mozos de cuerda que tan mala impresión dan.
Para evitar el trasiego de personas mayores, de movilidad reducida, las inclemencias del tiempo o, simplemente, buscando la comodidad de los asistentes, los autobús gozarán de amplias cristaleras para asistir al acto del enterramiento, sin necesidad de descender del mismo, lo que conllevaría un ahorro de tiempo considerable, a la vez que un incremento sustancial del número de servicios con menor necesidad de personal. Lo que no tengo todavía matizado es el regreso. Porque claro, es de suponer que todas las miradas se iban a dirigir a la plataforma en la que el ataúd ha dejado de estar.
Yo había pensado en dotar a los autobuses con un sistema de vídeo en el que se proyectasen películas que contribuyeran a llenar esos momentos, para lo cual la productora de Organización de Entierros Americanos ofrece, incluido en el precio del transporte, una amplia filmografía al efecto que a continuación le detallo:
1. No somos nadie.
2. Polvo somos.
3. Catalepsia.
4. La noche de los muertos vivientes.
5. Los mil mejores mausoleos.
6. Ornamentos fúnebres.
7. Mármoles y granitos: las diez diferencias.
8. Muertos ilustres.
9. Los cien mejores cementerios.
10. Enséñame tu tumba y te diré quién eres.

Estos telefilmes se podrían pasar aderezados con un caldito en invierno, gazpacho en verano, unos panchitos y, sin que se dieran cuenta, ya estaríamos de nuevo en el tanatorio, dispuestos para un nuevo viaje.

En la confianza de que la presente propuesta sea de su interés, y recordándole aquella máxima que dice que a quien bien entierran, descanso eterno tiene, quedo a su disposición para aclarar cuantas dudas, pegas, problemas, inconvenientes, incomprensiones, etc. le puedan surgir.

Atentamente,

P.D. Por la amistad que nos une y el aprecio que le tengo, debo decirle que la oposición ha mostrado vivo interés por el presente proyecto. No puedo imaginar que sean esos patanes los que inauguren el servicio, habiéndolo tenido usted en la mano. Apelo a su sentido común y responsabilidad.

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